A las violencias dentro de la vida cotidiana, debemos sumar la agresividad en la política, en el fútbol, en las relaciones humanas en general, en el hogar y en sectores estudiantiles.
Frente a este fenómeno social, ¿qué hacer? Como aconsejaría Séneca: hablar y hacerlo suavemente, persuadir y amar. Este camino es el más lento, pero el más profundo y seguro. Es el camino más humano. Seguramente no estarán de acuerdo conmigo aquellos que propician la pena de muerte, la intolerancia y las soluciones inmediatas. Pero estoy convencido que la represión engendra odios y más violencia.
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