“El mundo necesita un liderazgo compasivo, progresista, ecuánime y responsable. Todas esas cualidades son parte de la espiritualidad. Nosotras, las mujeres, podemos globalizar la espiritualidad y llevar los valores humanos a cada rincón del planeta. No tengo dudas de que con nuestro cooperativismo es posible llevarle una sonrisa a cada mujer de la Tierra”.
Me alegró ver cómo en pleno siglo XXI se va haciendo carne aquello que ya dijo “El Tibetano” a principios del siglo pasado en su “La educación en la Nueva Era”:
“Un ser humano tiene que ser por fuerza un hombre capaz de vivir en el mundo de las realidades externas y al mismo tiempo reconocer que vive en un mundo interno como mente y como alma.”
La conciencia de nuestra espiritualidad traerá como consecuencia más armonía, compasión y solidaridad en el mundo. Es muy gratificante ver cómo se va llegando a comprender esta necesidad.
